Jean Nouvel diseña una virtuosista librería colgada, que se resuelve en un único estante anclado en la pared y el techo. De ahí, unos montantes de acero sujetan los estantes de madera y aluminio, que parecen flotar ligeros en un volúmen de aire. Los montantes metálicos llevan muescas gradudas para colocar a gusto los estantes, «mágicamente» sujetados por enganches invisibles.









